Monday, February 20, 2006

Holland Look

Voy por el Landwehrkanal, en mayo, o junio, siento el sol en la piel y el viento breve en mi pelo. La gente tumbada en la hierba junto al agua, disfrutando de esa luz tan preciada y ausente en los largos meses de invierno, despreocupados, ligeros, ajenos al mundo.
Mi bici se rompió en agosto. En la tienda me dijeron que no podían repararla, como mucho me la cambiaban por una nueva con reducción de precio. Me negué rotundamente, yo no cambiaba mi bici por nada. Es extraño como desarrollamos esa unión afectiva, casi espiritual, con objetos que no pueden correspondernos. Pero que digo, mi vieja Damenrad, "bicicleta para señoras" podríamos traducir, azul marino, con sus ruedas grandes, originariamente blancas, me ha proporcionado muchos grandes momentos.
Esta ciudad no sería la misma para mí si no la hubiera recorrido de punta a punta en mi bici, si no hubiera atravesado sus parques en plena explosión primaveral, ofreciendo una sombra más que gratificante en verano, si no hubiera llenado su cesta hasta los topes de aguacates y mangos comprados los viernes en la Maybachufer. Sola o en compañía. El primer verano que pasé aquí no tenía Semesterticket ni dinero para una Monatskarte, así que iba en bici a todas partes. En bici iba hasta donde vivía al que amé más que a mi vida, feliz de hacer ese recorrido que me llevaría a sus ojos verdes como un estanque (gélidos ojos 10 meses más tarde que convertían en hielo todo lo que miraban, incluida yo). Por no hablar de las noches al volver a casa después de un litro de cerveza de trigo en el Biergarten de turno, con esa alegría etílica multiplicada por mil al recorrer las calles desiertas a la 1 de la madrugada.
En bici me iba yo por la ciudad sin más compañía que mis pensamientos, y era feliz.

Hace dos semanas la repararon. Funciona de nuevo. Espero con ansiedad la llegada de la primavera para perderme por las calles berlinesas y por mis pensamientos sobre mi vieja Damenrad azul marino.

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